4.5.11

Carta de un enfermo seropositivo





  
Tantas sendas recorrí, tantas estradas, tantas calles, tantos rincones… hasta que un día me encontraste!




Hace algunos años, pocos, yo estaba desorientado sufriendo, había huido de mi casa, dejé mi madre llorando… Tanta incomprensión! Desde muy pequeño mis padres nunca supieran entenderme. De niño, mi maman como había querido que yo naciera niña, me trataba como si lo fuera de verdad, me confundía. Llegaba a vestirme con vestidos que ya los habían comprado antes de yo haber nascido, decía que quería que yo fuera una mujer. Nascí hombre!! Cuando mi papá llegaba en casa todo se transformaba! Yo era su hijo adorado. Cuando jugaba en la plaza cerca de mi casa, me gustaba más jugar con las muñecas de mis vecinitas y hacer de maman. Siempre me decían “Antoine, tú serás la madre, yo seré el padre!”. Las vecinas decían que yo parecía una niña de tan bello que era. Cuando me fui a la escuela todo mejoró pero en mi cabeza solo había confusión. Hasta que un día, como yo no conseguía estudiar, siempre estaba triste, siempre llorando, no quería salir de casa, mis padres me llevaran a un psicólogo. Me acuerdo que tuve que ir allá muchísimas veces hasta que el médico dijo a mis padres que el problema que yo tenía era que yo era homosexual. De tanto desearen que yo fuera una niña, todo mi cerebro se transformó y solo aceptaba cerca de mí los jóvenes de mi sexo.
El mundo desmorona!




Mis padres se separaran, yo me quedé con mi madre y de ahí por delante mi vida se convirtió en un infierno.

Hasta que un día he dicho una basta a todo, salí de casa creyendo que mis problemas terminarían. Todo quedó peor! Lo que encontré fueron amigos que estaban casi en las mismas condiciones que yo, droga, prostitución, mucha bebida, robo, dormir por bajo de los puentes, frecuentar barrios que antes ni sabía que existían. Entonces empecé a relacionarme más íntimamente con algunos de mis compañeros de desdicha. Las noches las pasaba en el bosque y ahí encontraba mucha gente de todo tipo. Los tiempos fueron pasando y mi persona cada vez más perdiéndose por entre los árboles centenarios que si hablaran tanto que tenían que contar… Empecé a verte por detrás de esos árboles como si fueras una serpiente, mirándome, hechizándome, haciéndome señas, eras deslumbrante. Sentía que algo se pasaba, que querías decirme algo pero dejaba de verte, te buscaba y ya no te veía. Hasta que un día te quedaste y me abrazaste. Fuiste tan gentil, tan dulce conmigo. Que bella eras, me dejé dormir en tus brazos. Fueran pasando las noches hasta que un día, empecé a sentirme muy mal, no tenía fuerzas, no tenía ganas para nada. Mis “amigos” ya no me hacían caso. Te buscaba y dejé de verte. Te habías ido.
Tanto que me avisaran para tener cuidado, para protegerme, para usar preservativo! Yo tenía muy poca información sobre lo que era esa enfermedad! He sido tan negligente!

Me doy cuenta ahora que me estoy muriendo que tú sigues deslumbrante y te siento a mi lado arrimada a mí, te siento dentro de mí, mi piel sigue quemando. Solo ahora me dices tu nombre, porque no me has dicho antes que te llamabas SIDA?!

Autor:  Flor 



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